Tu hijo puede pasarse la tarde viendo vídeos, o pasar veinte minutos con Kaelo y terminar con algo real en las manos.

Una app de voz para que tu hijo cree, no solo consuma

Septiembre de 2019. Mi vida cambia. Para siempre. Acaba de nacer David, mi primer hijo. El primero de tres. No van a ser más, por si te lo estás preguntando. Ni soy de familia numerosa por tradición, ni gano lo de un futbolista, así que no, no habrá un cuarto.

He tenido mucha suerte con mis tres hijos: todos son guapos, todos tienen salud y, aparentemente, todos parecen inteligentes. Pero la inteligencia no siempre es sinónimo de buenas decisiones. También me lo aplico a mí, ingeniero informático. De los que decían que sus hijos no iban a usar pantallas de forma compulsiva.

Hasta que, un día cualquiera, descubren YouTube.
Hasta que, un día cualquiera, su primo mayor le enseña que está jugando a Minecraft.
Hasta que, un día cualquiera, te pide el móvil 5 minutos porque alguien le ha hablado de Roblox.

Pero nunca son 5 minutos.
Siempre es «espera a que acabe este vídeo».
Siempre es «cuando acabe mi primo, termino yo».
Siempre es «me queda solo una vida y ya».

Siempre empieza un rato un domingo, «porque es domingo». Siempre sigue el sábado «porque es fin de semana». Y después van los días que no hay cole. Y después las vacaciones. Y después las cenas fuera de casa.

Y considero a mis hijos —eso dicen hasta el momento en el cole— muy inteligentes. Pero eso no les ha librado de caer en las redes de la dopamina. De las pelis de Disney+, de los vídeos de YouTube, de Roblox y de Minecraft. Hasta el punto de que hay que chillarles estando a medio metro para conseguir que salgan del secuestro dopamínico en el que están sumidos.

De todas estas experiencias, nace Kaelo. Soy informático: no puedo, por principios, estar en contra de la tecnología. Las pantallas no son malas. Hacemos mal uso de ellas. Y quiero cambiarlo. Quiero aprovecharme del momento en el que estamos viviendo, para que sirva de puente con nuestro pasado y nuestras raíces. Que Kaelo una tecnología y manualidades. Que funda la pantalla a negro, pero habiendo otorgado luz a la mente de nuestros pequeños.

Bien. Ya sabes lo que es Kaelo. También lo que no es. Y lo que no es, refleja fielmente lo que no soy yo. Y por eso, no te voy a pedir tu email para enviarte a otro lugar donde puedas ver la demo.

No queremos secuestros dopamínicos. Primero, la demo. Después —si te convence—, el email.

Sin spam. Un aviso cuando puedas probarlo, nada más.

Apuntado. Te avisamos en cuanto puedas probar Kaelo.

Así es una sesión con Kaelo

Imagina

Tu hijo cuenta lo que se le ocurre —hablando o escribiendo, según se le dé mejor— sin ninguna pantalla que le exija más de lo que sabe hacer. Kaelo lo recoge de verdad.

Construye

La idea toma forma paso a paso, y termina en algo real, hecho con lo que ya hay en casa.

Se apaga

Cada sesión tiene un final natural. Sin rachas, sin notificaciones, sin razones para seguir mirando la pantalla.

Sé de los primeros en probarlo

Estamos terminando Kaelo con mucho cuidado. Apúntate y te avisamos en cuanto haya sitio.

Apuntado. Te avisamos en cuanto puedas probar Kaelo.